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Gregoria Ponce, la abuela rivense que recién cumplió 104 años


Por: Redacción Intertextual/ contacto@intertextualcr.com

Se llama Gregoria Ponce Matus, pero es conocida popularmente como “Doña Goyita”. Nació en la comarca de El Pedernal en la comunidad de Veracruz, en el municipio de Rivas, pero cuando cumplió 20 años se trasladó a vivir con su marido a Guachipilín, un caserío cercano a la zona, en el mismo Rivas.


Esta abuela rivense entró el pasado fin de semana en el selecto club de aquellos que cumplieron más de cien años, en el caso de ella, cumplió 104 y lo celebró junto a sus hijos, nietos, bisnietos y amigos.


Tuvo 14 hijos, de los cuales 6, ya han fallecido y los otros 8, unos viven en Rivas, y los otros en Costa Rica.

Comenta que no se encuentra muy bien de salud, aunque reconoce que su principal preocupación es no poder pararse, ni caminar, y no hacer nada, solamente estar postrada en una cama. No se siente feliz por eso, pero por el resto está contenta.

Contenta, como cuando recibió los regalos de su cumpleaños, en los que le salieron unos vestidos para dormir muy bonitos o una bolsa con dinero.


“Yo le digo al Señor. Señor si vos me querés tener más, muy bien, pero si no llévame ya, porque estoy conforme” asegura con resignación esta humilde mujer, mientras mueve una de sus manos y se la lleva a su cabeza.


Doña Gregoria ha sido una persona sana. Nunca ha estado hospitalizada, salvo en los últimos años diez años que se ha fractura la cadera. La primera vez en 2013, cuando fue atendida con un médico especialista de Masaya, y por lo que volvió a caminar aunque con un bastón. Después en 2017, cuando se rompió la otra parte de la cadera, y desde esa fecha, ya no puede nada, salvo estar en la cama.


El día de su cumpleaños, sus hijos hicieron un sacrificio para sacarla de la cama y sentarla en una silla en el corredor de la casa. La pasó bien, aunque se queja constantemente de estar sola.


Esta anciana de Rivas reconoce que la vida de antes era mejor para ella, pero no por las cosas materiales, ni las condiciones de vida de la época que ya sabemos que no son iguales que las de ahora, sino porque podía andar, levantarse, y caminar, tal y como lo hacía cuando se iba a l río a lavar la ropa de sus hijos.


Dice que ella era de esas mujeres que cuidaba tanto su estado de salud cuando daba a luz, que no se bañaba hasta después de 15 días, y que no comía cualquier cosa. “Yo comía tortilla, con miel de jicotes y me bañaba con unas aguas cocidas”.


De esos años recuerda, que las camas tenían un somier de cuero de vacas, y que le ponían un colchón de petate, unas condiciones que ahora no les gustan, pues prefiere estar como ahora en una cama de madera con un colchón de esponja. Es para ella más cómoda y descansa más.


Doña Goyita enviudó hace casi 30 años, pero recuerda con mucho cariño a sus esposo y sobre todo los esfuerzo que tuvieron que hacer para mantener a sus hijos, aunque lamenta que para esa época la gente no iba a la escuela como ahora.


El secreto para vivir tanto tiempo, no lo revela, aunque deja entrever que se debe a la tranquilidad y la comida de esa época: unos buenos frijoles, arroz, leche de vaca, y de vez en cuando, alguna carne de monte como la de los cusucos (armadillos) o las guardatinajas.