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Justicia para el “comandante Chabelo” es el grito permanente de una familia monimboseña


Este muchacho de Monimbó estuvo al frente de la resistencia de su barrio y decía que iba hasta las últimas consecuencias 

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Por: Voces en Libertad

La demanda de justicia sigue siendo uno de los objetivos más buscados por los familiares del monimboseño Jorge Zepeda Carrión, quien este seis de junio cumplió cuatro años de haber sido asesinado de un balazo en la cabeza durante las protestas gubernamentales que iniciaron en Nicaragua el 18 de abril de 2018. Aunque todo aparenta una normalidad en Masaya, para los deudos de las víctimas no es así, pues esperan un buen día poder obtener el derecho de ver a los culpables en los tribunales competentes.


El padre Edwin Román, desde los Estados Unidos ofreció este lunes una misa donde hizo la intención por el alma de este joven asesinado. “Hoy es la fiesta de la bienaventurada Virgen María y ofrezco esta misa y pido por el alma de Jorge René Zepeda que cumple su cuarto aniversario de su asesinato, para que el Señor lo tenga en su reino, igualmente ofrezco y he venido ofreciendo por todos los que han dado su sangre por la libertad de Nicaragua, por la que todos hemos luchado. A cada uno de ellos, siempre mis recuerdos, mis oraciones diarias, igualmente mi cariño y mi cercanía a las familias…a pesar de la distancia, estoy con ustedes, que el Señor les bendiga y que descansen en paz”, dijo Román a través de las redes sociales.


Un familiar de Zepeda Carrión, quien prefirió el anonimato, por obvias razones, afirma que a pesar que han pasado cuatro años, la herida sigue tierna y ha sido un lapso de tiempo muy duro para la familia, que no han digerido su ausencia “y peor saber que él aún no tiene justicia terrenal, no es fácil, pero estamos convencidos de que las dictaduras no se botan fácilmente por el poder de las armas que ellas tienen. Nos sentimos muy consternados pero tenemos que obtener justicia. Cada mes pedimos justicia públicamente y ésto no lo hemos olvidado. Es duro cada vez que vemos sus imágenes, cada mes le hacemos un arte y eso significa mucho para nosotros porque él era un bastión de valentía y es meritorio porque si él dio la vida por nosotros, también nosotros como familia debemos recordarlo siempre”, agregó el adolorido familiar.



Indicó que doña Isabel Mena, madre de Jorge, desde la fecha del asesinato de su hijo, su salud se ha visto desmejorada y ha tenido que enfrentar otras situaciones adversas porque tuvo síntomas asociados al Covid 19, también se fracturó un pie, más la depresión porque no obtiene justicia por su hijo, la ha sumido en un estado bastante complicado.


“A pesar de todas las plagas que nos han caído, nosotros todas las semanas vamos a visitarlo a su tumba en Monimbó, vamos a limpiar el monte y estamos con él por mucho rato en el cementerio. La madre de él siempre está haciendo oraciones con su Rosario, tenemos un altar en nuestra casa donde se le hace su Santo Rosario y le pedimos a Dios porque esté en un buen lugar. Nuestra lucha es su memoria porque siempre lo tenemos presente, a diario pensamos en él”, sostuvo el pariente del “Comandante Chabelo”.


Agradecen acompañamiento


La familia está muy agradecida con las intenciones del padre Edwin Román y por sus oraciones. Este sacerdote, crítico del gobierno, ha mostrado su cercanía con las familias que han sido víctimas de la represión gubernamental, por eso para la familia Zepeda Carrión es importante contar con la solidaridad del guía espiritual de Masaya, “porque el padre (Román) nos comprende el dolor que estamos sintiendo y ha estado firme en esta lucha por las víctimas de Nicaragua y defendiendo a quien más lo necesita por eso siempre hemos tenido el apoyo de él. Aunque la tristeza nos invade seguimos hasta el final, como decía Jorge desde su trinchera”.


Jorge, conocido popularmente como el “comandante Chabelo” por el nombre de su madre Isabel, falleció de una bala en la sien derecha. Al momento de su asesinato se encontraba en una barricada que él y sus amigos habían levantado en su barrio en Países Bajos. Inmediatamente fue trasladado en estado inconsciente a la Cruz Roja de la ciudad de Masaya. Luego fue llevado de emergencia al hospital Humberto Alvarado donde lo declararon muerto. La siguiente escena fue desgarradora cuando sus amigos lo metieron en un ataúd en el centro hospitalario y lo cargaron en hombros hasta su casa, recorriendo a pie con el cadáver como un kilómetro y medio, entre los escombros, las barricadas y la balacera de una ciudad insurrecta que una vez más clamaba libertad y justicia.