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"Me decía no vas a ser para mí, ni para nadie", la historia de Sonia una sobreviviente de violencia


Este es el relato de una rivense que hace cuarenta años sobrevivió a la violencia machista por parte de su pareja, quien por celos le propinó varios machetazos dejándole marcas para toda la vida, pero hoy decide contarlo

Por: Redacción Intertextual/ contacto@intertextualcr.com


Sonia María Acevedo, de 63 años, jamás imaginó que aquella carta que le llegó a Rio San Juan, informándole que su hijo de tan solo tres años se encontraba grave de salud en el hospital de Rivas, era un plan bien orquestado de su pareja, para que se regresara de aquel lugar al que había llegado por trabajo hacia unas semanas, y terminar con la vida de ella.


Sintió angustia por su pequeño hijo, y empezó a recoger sus cosas para volver a Rivas. Ya en la ciudad, la joven mujer con poco más de 20 años, pasó directo a la casa donde había dejado a su hijo, y la muchacha que lo cuidaba le dijo que él estaba bien, pero que se lo había llevado su papá a la casa de su abuela paterna. Entonces entendió el plan y se fue a la casa de su suegra.


“Me dijo que no me iba a llevar al chavalo, porque yo era una zorra y que andaba putiando. Entonces cogí al niño y me fui para la casa donde lo había dejado, y me encerré. Cuál es mi susto, que de repente lo veo bajar por una loma que comunicaba la casa de su mamá con la mía y sentí miedo".


━Me empezó a reclamar y le contesté que no me molestara porque yo ya no tenía nada con él y que mirara lo que me había hecho en la ceja izquierda (muestra la cicatriz de una herida que le hizo con un cuchillo antes de irse a Rio San Juan). Además que me había mentido, diciéndome que el niño estaba grave y que no era verdad” relata Acevedo.


Sin embargo, el marido siguió con los insultos y las agresiones empezaron a subir de tono.

“Veo que saca dos machetes de la cintura y yo empiezo a temblar del miedo. Me propuso ir a acostarnos y le dije que no, pero luego reflexioné. Entonces abrió un ropero, agarró una pichinga de alcohol y la tiró en mis partes, y me dijo: te voy a pegar fuego, entonces, con miedo a que me quemara, le sugerí que nos fuésemos a acostar.


También me dijo: vos sabes que no vas ser para mí, ni para nadie y me agarró del pescuezo y me puso un cuchillo. Le dije que no me hiciera eso, que no fuese grosero, y que cómo se iba a poner con una mujer, si el sabía que yo estaba desarmada.” comenta a Intertextual Sonia sentada en una silla de rueda en un barrio de Rivas.


Recuerda que en su defensa ella le dio una patada en los testículos. Que producto de esa patada, él se cayó y que botó los dos machetes. Y que fue en ese momento que aprovechó para salir huyendo y que se dijo así misma: voy a salvar mi vida, se quede, lo que se quede.


“Eran como las cuatro de la tarde. Salí corriendo de la casa, sin saber hacia dónde agarrar. Entonces una señora me miró y me dijo: córrete, córrete, y en mi desesperación le respondí que le recomendaba a mi hijo".


"Llegué a la casa de un tío que vivía cerca de la mía y él me dijo que me metiera, porque mi marido me iba a matar".

━Entonces una prima que vivía cerca del lugar llamó a un taxi, me metieron en la cajuela para que el no viera, y me fui para Nandaime donde mi mamá.


━Cuando llegué a Nandaime, pensé en mis cosas que había dejado, y entonces le dije a mi mamá que viniéramos a traerlas, que a ella no le iba a hacer nada, sin sospechar que aquel viaje sería una tragedia para mi” relata Acevedo.


Recuerda que al llegar a Rivas se quedó escondida en un punto para que no lo vieran su marido, mientras su mamá y el chofer del camión, fueron a la casa a recoger las cosas. Que no se las quería dar, pero que final accedió. El niño menor de edad se quedó con su padre, pues tenía la intención de reclamarlo después.


Dice que cuando venían por Belén, carretera hacia Ochomogo, el chofer del camión le dijo: Sonia no me fregués, si ahí nos vienen siguiendo Chepano y ese hombre es el diablo. Entonces ella le respondió que avanzara lo que más pudiera, pero que al llegar a una zona cerca del puente del Gil González cruzó la camioneta amarilla frente al camión y tuvieron que detenerse.


━“Yo iba en la parte de la ventana y mi mamá en el centro. De repente él se subió al camión, empezó a pedirme que abriera el vidrio de la ventana y cómo no lo hice, cogió uno de los machetes y con la cacha de uno, rompió el vidrio. Entonces me vi muerta. Mi mamá gritaba que me dejara en paz, pero él me lanzò el primer filazo que me dio en la pierna derecha, luego vino el segundo que me dio en el brazo derecho y siguió con otros en el pecho.


━Yo llevaba un perro, de esos de adornos, sobre las piernas y se lo lancé. Eso lo enfureció más y me agarró del pelo, hasta sacarme del vehículo y dejarme en el suelo, donde continuò con su tortura, comenta Acevedo tras años del hecho.


━Me dio machetazos en la cara, en la nuca y en las dos piernas. Producto de esos machetazos perdí tres dedos de la mano izquierda que tuvieron que injertármelos en Cuba. Fueron más de 20 machetazos los que recibí y ya me sentía desbaratada.


━Mientras tanto, mi mamá y el chofer se quedaron encerrados con miedo en el camión.

Relata que era consciente de lo que estaba viviendo y que intentó hacerse la muerta, pero que él sabía que estaba viva, por lo que le dijo que le iba a cortar la lengua, pero que ella apretó la mandíbula con fuerza y no logró su cometido.


━Ya tirada en la calle envuelta en un mar de sangre, casi muerta, escuchó a un amigo del agresor, que le dijo que la dejara, porque ya estaba muerta. Entonces se marchó y la dejó tirada en la carretera. Su madre y el chofer del camión también se habían ido del aquel lugar.


Minutos más tarde, de manera milagrosa apareció un vehículo en las que venían un amigo suyo, que en ese momento era el procurador de justicia y notó el cuerpo ensangrentado de la joven. Estos fueron los que dieron parte a la Policía y los que gestionaron el traslado del cuerpo hacia el hospital.


Para más desgracia, cuando la llevaron al hospital del departamento de Rivas, la dieron por muerta y la metieron en la morgue, sin embargo, estaba viva, y lo expresó moviendo las pies cuando sintió el frio de aquella cámara metálica.


Cuarenta años después, y ya con el paso del tiempo a Sonia se le han borrado algunas de las cicatrices, pero sostiene que no guarda rencor por el daño que le hicieron, por el contrario, dice que ella "no era quien para juzgar a nadie", que "para eso estaba Dios". Y algo llevaba de razón en aquella afirmación, pues su marido murió años más tarde tarde en un fatídico accidente de motocicleta.


La historia de Sonia es similar a la violencia que miles de mujeres viven en Nicaragua, pero no igual a las más de 650 mujeres que perdieron la vida a manos de sus parejas, ex parejas o cercanos, así lo han registrado organizaciones feministas en los últimos diez años.

En el año 2012 un total de 85 mujeres fueron asesinadas, 73 víctimas se registraron en 2013, 75 en 2014, 53 en 2015, 45 en 2016, 63 en 2017, 57 mujeres asesinadas junto con en el contexto de la crisis socio política del 2018, 63 en 2019, 71 en 2020 el año en que más víctimas de han registrado en esto diez años, en 2021 se reportaron 45 femicidios y más de 50 mujeres han sido asesinadas en lo que va del años 2022, así lo han reportado Católicas por el derecho a Decidir, La Corriente Feminista y Mujeres Contra la Violencia.



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