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Opinión: Juventudes, una deuda que crece


Por: José Alberto Montoya

De por sí, ya ser joven en un país como el nuestro es sumamente complicado, querer o al menos intentar querer trazarse un proyecto de vida, muchas veces se vuelve utópico por los constantes cambios que suceden en el espectro político, que terminan influyendo en la cotidianidad de las juventudes, sobre todo, las juventudes que desde distintas aristas de la sociedad tratan de cambiar las cosas, ya ni siquiera es por una molestia persé al gobierno de Ortega, simplemente es natural para las juventudes soñar con algo mejor, sentirse meritorias de algo mejor y tener la obligación de heredar algo mejor.


En un poema que le escribí a él, lo catalogo como un “devoto de la religión del progreso”, el ímpetu por no conformarse con más de lo mismo, esa sensación de impotencia al ver a la niñez siendo explotada en los semáforos de la capital para tener derecho a la comida, te lleva a no querer claudicar a pesar de la patrulla que espera frente a los portones de tu casa. Quizá imaginarte a tus amigos siendo prisioneros se vuelve algo impensable, fuera de lo normal, Muammar se ha enfrentado constantemente a los desencuentros sociales que se viven con frecuencia en Nicaragua, le recuerdo caminando por los barrios orientales de Managua hablando de lo mal que estábamos, y ni así, se tentaba por la decepción, se aferraba a cada cachito de esperanza que surgía y apostaba por él; evidentemente narro en pasado porque desde noviembre no sé de él, yo aún vivía en el país el día que decidieron quitarle la oportunidad de ser un peripatético que camina por sus barrios queriendo cambiar lo que se necesita para ser dignos.


Hace tiempo nos da miedo ser jóvenes en Nicaragua, nos da tristeza, nos molesta hablar bajito y entender tan lejana la posibilidad de ver a los violentos distantes al poder, todo mientras dejamos a un lado la ingenuidad y la ternura de querer vivir en paz. Samantha sin partido, sin organización política, al garete de su propia voz, lo dejó todo; primero, una Masaya natal que siempre ha llevado con ella, para salvaguarda su vida en el exilio, y después dejó ese exilio para asumir un liderazgo que está pagando con su libertad.


Yader, mataron a su hermano, desde entonces su familia ha sido hostigada por la Policía Nacional, por segunda vez Yader está preso, en esta ocasión fue capturado en la frontera del Guasaule, quería salir del país, en un momento donde muchos jóvenes quieren salir del país. Yader no ha podido terminar sus estudios de psicología, la subsistencia laboral en Nicaragua para las juventudes es crítica ¿por qué arrestaron a Yader? ¿por disentir? ¿por su familia que es víctima del Estado? ¿o simplemente porque quería salir de Nicaragua ya que estaba harto de encontrarse una patrulla frente su casa cualquier día?


El gobierno de Nicaragua lejos de garantizar la promoción del talento joven, persigue, violenta y encarcela a las juventudes más brillantes de nuestro país. Cuando un chavalo nicaragüense brilla, lo hace fuera de las fronteras, el contexto actual le quitó por completo a las juventudes, la oportunidad de construir juntas y juntos un camino distinto para la patria.


Es interesante y preciso traer a la memoria a Camilo Ortega Saavedra, un hombre joven, hermano del presidente, asesinado por el conflicto bajo la dictadura somocista, para muchos es considerado un héroe ¿qué pensará Daniel de su hermano? seguramente si Camilo no fuera un Ortega y hubiera nacido después de los 90´ también estaría preso o como sucedió, muerto bajo otra dictadura.


¿Acaso las juventudes en Nicaragua estamos condenadas a ciclos de retraso? chavalos y chavalas con las capacidades de Lesther Alemán, Max Jérez y Nahum Olivas en otras partes del mundo, forman parte de bancadas parlamentarias que llevan alternativas de progreso a sus países.


En el futuro ¿con qué el Estado indemnizará la entrega total de los momentos de mayor vitalidad para el ser humano a jóvenes de una generación que carga heridas ajenas y ahora heridas propias? hay jóvenes que no vieron morir a sus padres o abuelos, chavalos que tuvieron que romper con sus novias y novios porque uno de ellos se iba del país, madres que perdieron dinero y tiempo cuando la universidad de uno de sus hijos fue confiscada y en el peor de los casos, mamás que nunca más volverán a recibir un beso de su hijo o hija un treinta de mayo.


La democracia, la economía, los egos, sus agendas.


Hay propuestas de todo tipo, pero la juventud siempre es un sector desplazado, minimizado a ser un requisito obligatorio para las organizaciones políticas ¿pero qué haremos con los días que Yubrank, Lesther, Samantha, Yader, Muammar, Max, John, las y los jóvenes en exilio, aquellos que asumieron una personalidad adulta de manera instantánea para sobrevivir; perdieron?


Nicaragua nos ha quedado debiendo, hay que procurar no quedar en deuda con los otros, los que hoy están en primaria y esperan casi doce horas para que mamá o papá vuelvan del trabajo.