#Crónica: ¡Rásqueme que me pica!

Por: Andrés Josué Redondo Cerdas

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Tennis deportivas, jeans azul y una camisa verde traída de París por mi madre. Un día normal de camino donde mis abuelos. Mi padre maneja, yo iba en el asiento de atrás con la música romántica de Columbia Estéreo que mi papá siempre ponía. El día un poco frío, el cielo comenzaba a tornarse naranja con el atardecer. Las presas de siempre en las calles de siempre. Un día normal de camino donde mis abuelos.

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Llegamos donde mis abuelos. Nos bajamos del carro y como siempre la puerta costaba abrirla por lo que nos quedamos esperando que mi abuela logre abrirla. Una vez adentro lo primero era ir a saludar a mi abuelo, estaba en la cama viendo tele. Mi abuelo con la pijama puesta, me dio un beso en la mejilla, el mismo beso de toda la vida. Luego fuímos a la sala, donde mi abuela como siempre tenía preparado emparedados (a mí no me gustan, pero no es que específicamente no me gusten los de ellas, es que en general no me gusta el tomate ni la mayonesa). Desilusionado porque no iba a comer, mi abuela sacó unos bizcochos caseros que son mis favoritos, si soy sincero son lo más sencillo, pero amo esos bizcochos desde que nací. El fresco de cas no podía faltar, típico de mi abuela.

Una vez hemos finalizado de comer, me levanté de la mesa y me fui donde mi abuelo. Me acosté junto a él, en silencio, pero era un silencio que no era incómodo. Los dos veíamos el tele, pero no le prestábamos atención, en eso él extendió el brazo y me dijo “rásqueme que me pica”. Acto seguido lo rasqué, de manera suave y el silencio seguía, pero ambos disfrutábamos el momento, no queríamos nada más, porque siempre que lo he rascado es como si nada importara.

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Hay momentos que cuando se presencian, no se valoran como se debe. En mi infancia fui mucho donde mis abuelos, mientras mis padres no paraban de discutir, de gritarse, yo estaba donde mis abuelos. Donde ellos solía sentarme en la terraza con mi abuelo a ver fútbol.

A él le encantaba el fútbol sudamericano, así que crecí viendo la copa libertadores y a los equipos argentinos. Pasábamos horas viendo fútbol, éramos dos fanáticos que eran felices con muy poco. Al estar sentados en esa terraza, él siempre solía extenderme el brazo y me pedía que lo rascara (no sé qué problema tenía en los brazos que le picaban siempre, pero con el perdón de todo el mundo, que feliz me hacía que le picaran tanto).

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El único momento en que nos levantábamos del sofá era para ir a la sala a jugar con una pequeña bola de plástico. Los partidos a 10 goles, cuyos marcos era la puerta que daba a la sala y la puerta que daba a la terraza, eran épicos. Mi abuela siempre al lado dejaba de hacer lo que fuera por vernos jugar, recuerdo a la perfección su risa, ahora que lo pienso creo que ella disfrutaba más esos partidos que nosotros.

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Cuando estaba rascando a mi abuelo en el cuarto de él, viendo tele, no fuimos a jugar fútbol. La primera razón es porque yo ya estaba más grande, tenía 14 años. La segunda razón es porque mi abuelo venía de sufrir una aneurisma un par de meses antes. Sobrevivió de milagro, sin embargo quedó internado más de un mes en un asilo, pues no podía ni caminar, con costos era capaz de moverse. El no poder ir al baño por su cuenta, ni caminar lo deprimió mucho (aunque él, terco como siempre nunca lo dijo). Con el tiempo fue recuperándose, empezó a dar pasos, pero nada fue igual.

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Mi padre llegó al cuarto a decirme que ya nos teníamos que ir. Dejé de rascar a mi abuelo, me levanté de la cama y le di un beso de despedida. Luego me fui del cuarto, me despedí de mi abuela y por supuesto me llevé un par de bizcochos. Una vez crucé la puerta de la salida no imaginé que sería la última vez que rascaría y vería a mi abuelo.

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Una semana después mi abuelo falleció. Un día antes de su muerte Costa Rica le ganó por la eliminatoria al mundial de Brasil 2014 a México. Estoy seguro que mi abuelo disfrutó ese partido al máximo y espero que no le picara el brazo. Tiempo después a esto, sentado en la sala con mi abuela, ella dijo las palabras, yo quedé en shock, no lo podía creer, no recuerdo que más hice, solo recuerdo que ella me dijo “rásqueme que me pica”.

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